EPÍLOGO SEGUID LA PAZ Y LA SANTIDAD
EPÍLOGO
SEGUID LA PAZ Y LA SANTIDAD
El llamado permanente de Dios a una Iglesia que espera a su Señor
«Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.»
Hebreos 12:14 (RVR1960)
Palabras finales del autor
Soli Deo Gloria
Toda la gloria sea únicamente para Dios.
Amados hermanos, reciban un cordial y caluroso saludo de parte de su servidor en Cristo Jesús, Noel A. Ortega. Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor.
Al concluir esta colección de estudios bíblicos, mi corazón se llena de profunda gratitud hacia Dios. Todo cuanto aquí ha sido escrito tiene un solo propósito: exaltar a Jesucristo, honrar la autoridad de las Sagradas Escrituras y fortalecer a la Iglesia en su caminar hacia la eternidad.
Vivimos en una generación marcada por la confusión doctrinal, el relativismo moral y el enfriamiento espiritual. En medio de este escenario, el Espíritu Santo continúa llamando a Su pueblo a volver al fundamento inmutable de la Palabra de Dios. La Iglesia no necesita adaptarse al mundo; necesita parecerse cada día más a Cristo.
La exhortación de Hebreos 12:14 resume magistralmente la vocación del creyente: «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.» Estas palabras no constituyen una recomendación opcional, sino un mandato divino dirigido a todos aquellos que han sido redimidos por la sangre del Cordero.
Durante estos trece estudios hemos contemplado que la paz verdadera nace de nuestra reconciliación con Dios por medio de Jesucristo; que la santidad es el carácter mismo de Dios comunicado a Su pueblo mediante la obra del Espíritu Santo; que Cristo es el modelo perfecto de una vida santa; y que la Iglesia está llamada a vivir preparada para Su gloriosa venida.
La santidad nunca ha sido un legalismo externo ni un conjunto de normas humanas. Es la respuesta agradecida de un corazón transformado por la gracia. Es la evidencia visible de una vida gobernada por el Espíritu Santo. Es la belleza del Evangelio reflejada en el carácter del creyente.
Asimismo, la paz bíblica no consiste simplemente en la ausencia de conflictos, sino en la plenitud de una vida reconciliada con Dios, consigo misma y con el prójimo. Una Iglesia llena del Espíritu Santo será también una Iglesia que cultiva la paz, la unidad, el amor y la comunión fraternal.
Esta colección no pretende cerrar el estudio de este tema; por el contrario, desea abrir el corazón del lector a una búsqueda más profunda de Dios. La santidad no termina cuando concluye un libro. La santidad comienza cada mañana cuando decidimos obedecer nuevamente la voz del Señor.
Mi oración es que estas páginas sean útiles para pastores, maestros, estudiantes de la Biblia, institutos bíblicos, familias y congregaciones; que sirvan como instrumento para la formación doctrinal, el discipulado y la edificación del Cuerpo de Cristo. Si una sola vida es fortalecida, un solo creyente persevera en la fe o un solo pecador se vuelve a Cristo mediante estas enseñanzas, toda la gloria pertenecerá únicamente al Señor.
No olvidemos que la Iglesia vive mirando hacia adelante. Nuestra esperanza no está en este mundo. Esperamos la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Muy pronto la fe dará lugar a la vista; la esperanza será consumada y veremos al Señor cara a cara.
Hasta ese día, permanezcamos firmes.
Sigamos la paz.
Perseveremos en la santidad.
Permanezcamos llenos del Espíritu Santo.
Prediquemos el Evangelio con fidelidad.
Amemos la verdad.
Sirvamos con humildad.
Vivamos para la gloria de Dios.
Porque muy pronto escucharemos la voz del Rey diciendo:
«He aquí yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.»
(Apocalipsis 3:11, RVR1960).
Y entonces se cumplirá la esperanza de todos los redimidos:
«Amados, ahora somos hijos de Dios… pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.»
(1 Juan 3:2, RVR1960).
Que el Dios de paz nos santifique por completo y que todo nuestro ser —espíritu, alma y cuerpo— sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Tesalonicenses 5:23).
A Él, que nos amó, nos lavó con Su sangre y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, sea toda la gloria, toda la honra, todo el dominio y toda la alabanza por los siglos de los siglos.
Amén y amén.
Doxología
«Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.»
1 Tesalonicenses 5:23–24 (RVR1960)
Soli Deo Gloria
Toda la gloria sea únicamente para Dios.

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